martes, 19 de abril de 2016

Primer ciclo: La velocidad de las cosas

Los lectores siempre han buscado experiencias. La novela, entonces, se ha convertido en esa plataforma donde se pueden descubrir las vidas narradas. De hecho, una de las cosas que más disfruta un lector común reside en la sensación de hallar en una novela comercial un espejo de la realidad o un escape.

Si es lo primero, el consumo de la literatura se hace compulsivo, quien lee, desea conocer cada infortunio, cada suerte y azar que rodean el destino de un hombre, de una situación emocional o sentimental y a veces, hasta de un fenómeno histórico que conlleva en su cauce personajes conocidos o alegóricamente reconocidos. Si es lo último, la lectura se hace recreativa y exhorta hacia un viaje que poco a poco irá logrando ganar espacios sobre la realidad de quien cree lo que el libro dice. No obstante, en ambos casos, la novela debe atiborrarse de detalles que den cuenta de una realidad paralela, el libro se llena de descripciones y pormenores que sólo incitan a la revelación minuciosa de un mundo.

El formato extenso se posiciona en el mercado editorial como una fuente de enriquecimiento económico y cultural. Leer libros de más de mil páginas consagra una literatura dada a la verosimilitud de un hecho narrado y por consiguiente su consumo establece un puente de reconciliación entre quien lee y quien busca escribir con ahínco sobre un universo determinado.

De hecho, esta costumbre que inunda las librerías nace de la mano de grandes maestros: Proust, Flaubert o Cervantes, son un ejemplo de este afán por escribir maratones, sin embargo, este ejercicio no innova una variedad dentro de la novela o un estilo a la hora de narrar, más bien, revindica el origen mismo del género. Una de las características de esta escritura se basaba en la extensión. Escribir menos de 800 páginas era ya salirse de un canon a pesar de que muchas obras intentaron dicha revolución desde el medioevo.

Hoy tenemos a Follet, a Posteguillo, a King, a Schatzing, a Seth, a Martin, a Murakami, a Rice, a Rand, a Rothfuss, a Sanderson, a Rutherfurd a Plicher, a Tartt, a Pynchon, a Llorens, a McCullough, a Cabré y a Rowling, manteniendo una herencia, sosteniendo e izando esa condición primigenia. También están los clásicos y los autores que por la extensión de sus obras han comenzado a recuperarse del olvido ante la creciente moda de leer extensiones. Casos como el de Bolaño, Musil, Tolstoi, Mann, Dickens, Joyce, Dumas o Wallace demuestran la gran acogida por esta suerte de redención sagrada de la novela total.

A pesar de todo, existe también otra tendencia en la actualidad. Esta, circunscrita a la rebeldía, consagra su victoria final a la hora de demostrar una renovación necesaria. Su interés se basa en la importancia de la estructura más allá la extensión, en la economía de recursos; comulga con el minimalismo y con el perfeccionamiento de la expresión. La mayoría de sus practicantes son escritores que paralelamente han investigado con obsesión las formas narrativas buscando una especie de fórmula que permita decir mucho con poco. Al parecer su creación pretende instituir una salida técnica al detalle y a la forzosa descripción. La sugerencia, la sustitución y el sistema compacto de datos han sido apenas un grupo de herramientas para llevar a cabo este reto.

En el camino se han abierto espacios y aunque su número aún es reducido ya que está todavía por debajo de la publicidad que demandan las obras titánicas, la búsqueda por un público que se interese por nuevas formad de narrar ha comenzado a desarrollar un fenómeno exclusivo. Esta preferencia por obras cortas, por la novela breve, que en siglos pasados condescendía a títulos displicentes, se ha ido ganando un lugar y por lo tanto ha sido ineludible el desarrollo de un examen que permita el significado, la ordenación y la clasificación de nuevos y antiguos términos para señalar lo que es una cosa u otra.

La mayoría de las novelas breves han comenzado en la sombra, siendo grandes desconocidas, sin mucha repercusión y con una escasa venta. Pero poco a poco estas obras han ganado terreno y se han posicionado en un campo propio. Gracias a la calidad de algunas, su importancia se ha consolidado y han logrado arraigarse como referente de un nuevo esquema de lectura. En los últimos años la demanda de este formato sigue avanzando y grandes obras de arte de este esquema son ya un hito. La mayoría de las novelas que atienden a esta forma decretan un desafío a la intelectualidad y exigen del lector grandes dosis de criterio y sagacidad.

El primer ciclo del club de lectura Serendipia, ha insistido en la exploración de este universo. Primero, porque el inicio de un club no debería atreverse, inicialmente, a un abordaje de obras monumentales, como toda evolución, creemos que el desarrollo de una asociación de lectura debe estar circunscrita, sobre todo, a un proceso lector que permita la apertura de formas diferentes de abordar la literatura.

La velocidad de las cosas, es el título de un libro de relatos de Rodrigo Fresán, en esa miscelánea de cuentos se busca poner al descubierto la perversión de la meta literatura, de la fragmentación y de la ausencia. Serendipia, en su primer ciclo, y utilizando de forma siniestra y retorcida el título de Fresán, abre con fervor la lectura de un grupo de obras cortas inclinándose así a la exploración de la novela breve como experimento que busca conciliar la velocidad del mundo actual con la velocidad del mundo escrito. El propósito de esta empresa será dar respuesta a una pregunta: 

¿la singularidad que permite la economía de los recursos en una novela breve puede ofrecer, más allá de su rapidez relativa, la perpetuación de excelentes obras maestras que sólo sean entendidas desde las convenciones mismas que esta forma origina?

Para lograr dar respuesta a este interrogante, la lectura de las obras podrá atender al análisis de los siguientes requerimientos por parte de los participantes:

Personajes
Temas
Acción
Organización
Estructura
Narración
Descripción
Intencionalidad
Otros

El ejercicio de las yuntas se ha considerado desde la lectura asociativa. De esta manera el ciclo estará circunscrito a la aproximación de una obra reconocida de la brevedad y a una obra todavía no muy reconocida pero que se ajusta a los parámetros de exigencia literaria para merecer un lugar en el mundo representativo de la novela breve.

A continuación, la enumeración de las obras completas que se leerán durante el primer ciclo:


1
El pozo- Juan Carlos Onetti
Bonsái- Alejandro Zambra
2
La hojarasca- Gabriel García Márquez
Seda-Alessandro Baricco
3
La metamorfosis- Franz Kafka
La asesina ilustrada- Enrique Vila-Matas
4
Noches blancas- Fiódor Dostoyevski
Foe- J. M. Coetzee
5
Rebelión en la granja- George Orwell
Lulú- Mircea Cărtărescu
6
El viejo y el mar- Ernest Hemingway
El congreso de literatura- Cesar Aira
7
El corazón de las tinieblas- Joseph Conrad
Luna caliente- Mempo Giardinelli
8
Mendel el de los libros- Stefan Zweig
El honor perdido de Katharina Blum- Heinrich Böll
9
El extranjero-Albert Camus
La presa- Kenzaburō Ōe
10
El país de nieve- Yasunari Kawabata
La Destrucción De Kreshev-  Isaac Bashevis Singer



Esperamos que este primer ciclo, conduzca a nuevas y magníficas interpretaciones.




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