Los lectores siempre
han buscado experiencias. La novela, entonces, se ha convertido en esa
plataforma donde se pueden descubrir las vidas narradas. De hecho, una de las
cosas que más disfruta un lector común reside en la sensación de hallar en
una novela comercial un espejo de la realidad o un escape.
Si es lo primero, el
consumo de la literatura se hace compulsivo, quien lee, desea conocer cada
infortunio, cada suerte y azar que rodean el destino de un hombre, de una
situación emocional o sentimental y a veces, hasta de un fenómeno histórico que
conlleva en su cauce personajes conocidos o alegóricamente reconocidos. Si es lo último, la
lectura se hace recreativa y exhorta hacia un viaje que poco a poco irá
logrando ganar espacios sobre la realidad de quien cree lo que el libro dice.
No obstante, en ambos casos, la novela debe atiborrarse de detalles que den
cuenta de una realidad paralela, el libro se llena de descripciones y
pormenores que sólo incitan a la revelación minuciosa de un mundo.
El formato extenso
se posiciona en el mercado editorial como una fuente de enriquecimiento
económico y cultural. Leer libros de más de mil páginas consagra una literatura
dada a la verosimilitud de un hecho narrado y por consiguiente su consumo
establece un puente de reconciliación entre quien lee y quien busca escribir
con ahínco sobre un universo determinado.
De hecho, esta
costumbre que inunda las librerías nace de la mano de grandes maestros: Proust,
Flaubert o Cervantes, son un ejemplo de este afán por escribir maratones, sin
embargo, este ejercicio no innova una variedad dentro de la novela o un estilo
a la hora de narrar, más bien, revindica el origen mismo del género. Una de
las características de esta escritura se basaba en la extensión. Escribir menos
de 800 páginas era ya salirse de un canon a pesar de que muchas obras
intentaron dicha revolución desde el medioevo.
Hoy tenemos a
Follet, a Posteguillo, a King, a Schatzing, a Seth, a Martin, a
Murakami, a Rice, a Rand, a Rothfuss, a Sanderson, a Rutherfurd a Plicher, a
Tartt, a Pynchon, a Llorens, a McCullough, a Cabré y a Rowling, manteniendo una
herencia, sosteniendo e izando esa condición primigenia. También están los
clásicos y los autores que por la extensión de sus obras han comenzado a
recuperarse del olvido ante la creciente moda de leer extensiones. Casos como
el de Bolaño, Musil, Tolstoi, Mann, Dickens, Joyce, Dumas o Wallace demuestran
la gran acogida por esta suerte de redención sagrada de la novela total.
A pesar de todo,
existe también otra tendencia en la actualidad. Esta, circunscrita a la
rebeldía, consagra su victoria final a la hora de demostrar una renovación
necesaria. Su interés se basa en la importancia de la estructura más allá la
extensión, en la economía de recursos; comulga con el minimalismo y con el
perfeccionamiento de la expresión. La mayoría de sus practicantes son
escritores que paralelamente han investigado con obsesión las formas narrativas
buscando una especie de fórmula que permita decir mucho con poco. Al parecer su
creación pretende instituir una salida técnica al detalle y a la forzosa
descripción. La sugerencia, la sustitución y el sistema compacto de datos han
sido apenas un grupo de herramientas para llevar a cabo este reto.
En el camino se han
abierto espacios y aunque su número aún es reducido ya que está todavía por debajo de
la publicidad que demandan las obras titánicas, la búsqueda por un público que
se interese por nuevas formad de narrar ha comenzado a desarrollar un
fenómeno exclusivo. Esta preferencia por obras cortas, por la novela breve, que
en siglos pasados condescendía a títulos displicentes, se ha ido ganando un
lugar y por lo tanto ha sido ineludible el desarrollo de un examen que permita
el significado, la ordenación y la clasificación de nuevos y antiguos términos
para señalar lo que es una cosa u otra.
La mayoría de las
novelas breves han comenzado en la sombra, siendo grandes desconocidas, sin
mucha repercusión y con una escasa venta. Pero poco a poco estas obras han
ganado terreno y se han posicionado en un campo propio. Gracias a la calidad de
algunas, su importancia se ha consolidado y han logrado arraigarse como
referente de un nuevo esquema de lectura. En los últimos años la demanda de
este formato sigue avanzando y grandes obras de arte de este esquema son ya un
hito. La mayoría de las novelas que atienden a esta forma decretan un desafío a
la intelectualidad y exigen del lector grandes dosis de criterio y sagacidad.
El primer ciclo del
club de lectura Serendipia, ha insistido en la exploración de este
universo. Primero, porque el inicio de un club no debería atreverse, inicialmente, a un abordaje de obras monumentales, como toda evolución, creemos que el
desarrollo de una asociación de lectura debe estar circunscrita, sobre todo, a
un proceso lector que permita la apertura de formas diferentes de abordar la
literatura.
La velocidad de las
cosas, es el título de un libro de relatos de Rodrigo
Fresán, en esa miscelánea de cuentos se busca poner al descubierto la
perversión de la meta literatura, de la fragmentación y de la ausencia. Serendipia, en
su primer ciclo, y utilizando de forma siniestra y retorcida el título de
Fresán, abre con fervor la lectura de un grupo de obras cortas inclinándose así
a la exploración de la novela breve como experimento que busca conciliar la
velocidad del mundo actual con la velocidad del mundo escrito. El propósito de
esta empresa será dar respuesta a una pregunta:
¿la singularidad que
permite la economía de los recursos en una novela breve puede ofrecer, más allá
de su rapidez relativa, la perpetuación de excelentes obras maestras que sólo
sean entendidas desde las convenciones mismas que esta forma origina?
Para lograr dar
respuesta a este interrogante, la lectura de las obras podrá atender al
análisis de los siguientes requerimientos por parte de los participantes:
Personajes
Temas
Acción
Organización
Estructura
Narración
Descripción
Intencionalidad
Otros
El ejercicio de
las yuntas se ha considerado desde la lectura asociativa. De esta manera el
ciclo estará circunscrito a la aproximación de una obra reconocida de la
brevedad y a una obra todavía no muy reconocida pero que se ajusta a los parámetros
de exigencia literaria para merecer un lugar en el mundo representativo de la
novela breve.
A continuación,
la enumeración de las obras completas que se leerán durante el primer ciclo:
1
|
El
pozo-
Juan Carlos Onetti
|
Bonsái- Alejandro
Zambra
|
2
|
La
hojarasca-
Gabriel García Márquez
|
Seda-Alessandro
Baricco
|
3
|
La
metamorfosis-
Franz Kafka
|
La
asesina ilustrada-
Enrique Vila-Matas
|
4
|
Noches
blancas-
Fiódor Dostoyevski
|
Foe- J. M. Coetzee
|
5
|
Rebelión
en la granja-
George Orwell
|
Lulú- Mircea
Cărtărescu
|
6
|
El
viejo y el mar-
Ernest Hemingway
|
El
congreso de literatura- Cesar Aira
|
7
|
El
corazón de las tinieblas- Joseph Conrad
|
Luna
caliente-
Mempo Giardinelli
|
8
|
Mendel
el de los libros-
Stefan Zweig
|
El
honor perdido de Katharina Blum- Heinrich Böll
|
9
|
El
extranjero-Albert
Camus
|
La
presa-
Kenzaburō Ōe
|
10
|
El
país de nieve-
Yasunari Kawabata
|
La
Destrucción De Kreshev- Isaac
Bashevis Singer
|
Esperamos que
este primer ciclo, conduzca a nuevas y magníficas interpretaciones.
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