domingo, 29 de mayo de 2016

Bonsai – Alejandro Zambra



por Zeuxis Vargas

Una historia con final anticipado donde la anticipación es una forma de expectativa que convoca al a lector a leer de otra forma.
Se desprende de esta sospecha el acto morboso por el develamiento y sobre todo el énfasis de un lector agónico, un lector que camina hacia un final tanteando e intentado entender.
La novela, sobre todo, es el monólogo de un hombre que busca la comprensión de su experiencia amorosa y desde allí, lograr los detonantes que hagan que su vida tenga el sentido que ha establecido como salvación. Es la búsqueda de un origen.
La brevedad no se da por la longitud sino por la ligereza con que reflexiona el narrador. El lenguaje, que avanza como si sólo estuviera dando el resumen de un algo que parece ya tener conclusión y capitulación es primordial a la hora de hacer posible el arrastre del lector hasta la última página.
El rasgo que define, quizás, más sorprendentemente, está en el hecho mismo de la des-individualización que sufre el narrador-protagonista. Hay un desplazamiento y una sustitución, el narrador hace que aquello que narra tenga más peso y más protagonismo que él. La consecuencia es definitiva, Emilia, se transforma en el factor explosivo que delimita todo el acto lector. Emilia es el Bonsai y es a la vez la planta tantálica, es la escritura que remplaza, el relato que invade y extingue.
Después de todo, Julio sólo es un elemento pasivo de esa corriente literaria que posibilita el encuentro y el minimalismo de las cosas. Aquí el amor se reduce, la lectura diminuta que establece lo dilatado. Lo único que crece es la mujer infranqueable, la mujer devastada y que marca.
La novela es un experimento exitoso que se da frente a la estructura, por un lado, tenemos una historia en retrospectiva, pero por el otro lado, somos testigos de una cinta de moebius, la novela nace en el final de la historia. En cuanto el hombre se entera de la muerte de Emilia es que se da inicio a la búsqueda, por parte del autor, por entender, por hallar las razones.
De ahí el inicio que encadena, ese que nos comenta la muerte de Emilia como si no tuviera mayor importancia que la que tendrá al final.
Así deviene la novela y así mismo se integra a una historia que los recuerdos y la literatura van moldeando.
Lo sorpréndete, entonces, se establece en este devenir fantástico donde un hecho real crece en un collage de recuerdos que va dando sentido a una historia y que por ello mismo la hacen veraz e ilimitada.
Las referencias a obras literarias, factor de las nuevas novelas que suelen incluir el acto lector como acto definitivo de una intertextualidad, se desvanecen en los protagonistas que leen no para exhortar lecturas metaficcionales sino para enfrentar el desvanecimiento de sus significados y relaciones dentro de un sentimiento.
A diferencia de Oneti que posibilita el encuentro de lecturas a través de la gestación de personajes y lugares ficticios, en Zambra, la experiencia lectora es un acto real que define a los personajes para concretar, para comprender la vida no en comparación sino en evidenciación.
La lectura que no se lee, la lectura que separa, la lectura que promueve o la lectura que hace mentir son sólo los sustratos que visten la enfermedad de la soledad.
Sin embargo, hay algo que marca aún más en esta lectura de una lectura, se trata del bonsái, de los dibujos que hace el personaje.
El bonsái no como un objeto análogo a la brevedad, al minimalismo, sino el bonsái como un acto dado a la disciplina de un ejercicio de distracción, de olvido.
Por el contrario, los dibujos son la lucha por la persistencia, una mujer hecha de recuerdos, un dibujo collage que ahonda en una historia que se define por esa misma relación patética, el intento por el olvido y la frustración de no lograrlo tras el develamiento de la persistencia.
La obra de Zambra promueve una forma de lectura no metaficcional o confesional sino una lectura didáctica.
Bonsái es un libro que juega con la sospecha, que establece el ciclo, que funda la relación entre olvido y memoria como factores genuinos del recuerdo y que instaura el juego de la parodia patética.

Una novela que insiste en ser un cuento pero que terminan siendo la vida. Es, quizás, el acto de la búsqueda por recuperar, al final de cuentas, la novela es un ensayo de liberación frustrado.

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